11 de febrero de 2018

Apuntes de un pájaro sin nido

Qué pasará cuando millones de constelaciones estallando iluminen tus pupilas, cuando sea el viento el que recoja tus vaivenes, cuando de tus manos florezcan lotos y se alejen de ti los cuervos negros que anunciaban tu derrota.

Qué sucederá cuando todos los charcos devuelvan tu reflejo y la bandera blanca e impoluta de la infancia ondee en tu pecho, cuando no mires sólo desde el dolor y te aleteen en los brazos los halcones de la belleza.

Qué sentirás cuando cambies las despedidas por recuerdos que colgar en las paredes desnudas de tu pecho, cuando entiendas el idioma de las gaviotas y empieces a formar parte de las olas. Cuando regales un corazón a cada sobre vacío y escribas cartas de amor en las facturas.

Qué harás cuando acaricies cada bolígrafo y percibas el latido de la tinta, cuando tiemblen en tus dedos todas las historias que aún no ha contado, cuando revivan en ti todos los personajes olvidados y cierres por fin capítulos.

Qué pasará cuando desaparezcan tus ganas de huir, cuando te declares inocente de lo que te acusas, cuando comiences una nueva vida lejos de todo lo que te daña y te invadan libres las emociones que enclaustraste.

Dejarás de hacer preguntas cuando siembres semillas sobre tus heridas, cuando recojas los frutos de la confianza y compartas el fuego que te quema dentro.

Y entenderás que vivir siempre deja poso. Que toda guerra tiene bajas, que para no sufrir sería necesario convertirse en piedra.

Y que volar... supone desprenderse de lo que te pesa.

Red bird by VivalaVida

4 de febrero de 2018

Ojalá

Ojalá se deshagan tus lágrimas como los copos de nieve que cada invierno nos visitan. Que transformemos el dolor en vida y se me desaloje de una vez esta inquilina presión del pecho. Ojalá siempre constantes, siempre precisos, siempre valientes, sin necesidad de conocer más rendición que la que la cama nos brinda cada noche.

Que la risa tome preso nuestro estómago, que exija carcajadas como peaje para cuando la pena venga a vernos. Que sigamos fuertes en nuestro parapeto y se me agoten de una vez las ganas de escapar. Ojalá la paz inundando nuestras aceras, que respirar no me suponga un esfuerzo, que la verdad entienda nuestro idioma. Que se alejen de nosotros las llamas del rencor, que el odio no roce nuestros cuerpos, que se nos erice la piel en cada despedida y aprendamos de cada persona que se marcha.

Que se encienda una nueva estrella cada vez que el amor nos escriba cartas, que juguemos más y discutamos menos, que la razón no sucumba nunca a la desesperanza. Ojalá más árboles y flores, más canciones, menos poemas tristes, que construyamos nuestro universo en un jardín de castillos de viento. Por fin la reconciliación con nuestra infancia, dar la mano a lo que fuimos. Y las gracias.

Apostar por la utopía como hoja de ruta, temer menos al miedo y que el coraje nos desborde contra la vicisitud. Que se cierren nuestras heridas, dejar paso a lo que importa y nos conmueve, desterrar lo que nos daña y perdonar para crecer. Perdonarnos. Perdonarme.

Entender que no podemos entenderlo todo. Que tampoco es necesario. Que cada piedra hizo camino, que el camino se hizo por algo y que nos condujo hasta aquí. Y abrazarte fuerte como si se me fuera la vida en ello. Como si en ese abrazo pudiera renacer cuando se me agote el tiempo y las ganas.

Ojalá encontrarte en mis viajes, en los sueños que atesoran mis bostezos, en cada una de las páginas que escriba, para que si nos separan las corrientes poder encontrarnos en medio de la niebla sin necesidad de luces, guiados por un instinto brújula.

Y construir.

Que ya (nos) destruimos bastante.

Hot Air Ballon Race by JonKoomp

14 de enero de 2018

Los pedazos

Hace frío fuera pero siempre me arde algo dentro. Por más que lo intenta el invierno no consigue congelar los latidos de este corazón arrítmico con cierta tendencia al vuelco.

Desafío la pereza y entreno mis piernas a diario para que me lleven lejos, aunque todavía no conozco el destino. Recorrer kilómetros dejando que mi mente se vacíe de todo lo acumulado estos años es un ejercicio pesado pero liberador. Ignoro las voces que me gritan “ríndete”, “déjalo ya” “¿no ves que no tiene sentido?” y construyo castillos con los pedazos de un planeta que se vino abajo. Fortaleza es picar una y otra vez las mismas piedras hasta que las piedras desaparecen.

Me pregunto cómo hacen algunos para vivir tan ausentes de sí mismos, cómo hacen para entregarse a la nada con los brazos abiertos y sin paracaídas, cómo hacen para vestirse cada día con sus trajes y máscaras grises roídas por el tedio, cómo hacen para no emocionarse con el mero hecho de estar vivos. Y me aterra pensar que yo también puedo caer en cualquier momento en la nada, que yo también puedo convertirme en un muñeco de nieve sin voluntad. Así que me lleno de viento para que mis brazos pesen menos y puedan abrazarte fuerte.

Veo en tus ojos el reflejo de mí mismo y me asusta lo que veo. Al fin y al cabo combatimos los mismos fantasmas aunque arrastremos lastres distintos. Confieso que me cuesta horrores ver la luz que tanto dicen que tengo, que la mayoría del tiempo me siento oscuro y frío y que en ocasiones trato de escapar por la ventana para no abrir la caja de las plagas que me persiguen. Al fin y al cabo la mayor de las guerras se libra contra uno mismo.

Pero me perdono por no haber sabido escucharme. Por no encontrar la llave que tanto he buscado de un candado que ni siquiera existía. El tiempo me ha enseñado que nadie puede cerrar tu propio cielo.

Tan sólo hace falta levantar la mirada y sonreír.

¿No es acaso hermoso sentirse tan ligero como un pájaro?

Visual paper by Ruth Tay